El engaño de los sombreros

Las tarjetas de visita siguen siendo un elemento fundamental de la estrategia de marketing de una empresa o de un profesional, y siempre funcionan como carta de presentación e imagen de marca. Abundan las recomendaciones sobre qué hay que incluir en una tarjeta: nombre, empresa o marca, logo, teléfono, correo, dirección, web y profesión o puesto de trabajo. ¿Puesto de trabajo, profesión? ¡Qué dilema! ¿Cuántas tarjetas tendríamos que tener? Hay una expresión inglesa que me encanta porque explica a la perfección este dilema tan común para muchos intérpretes (wear many hats).

 

El origen de esta expresión está en una época no muy lejana en la que todo el mundo usaba sombrero; muchos de esos sombreros eran específicos de un oficio, profesión, puesto o función. Así que aquellos que desempeñaran varias funciones tendrían varios sombreros y usarían el apropiado para cada ocasión.

Ya disculparéis, pero a falta de una expresión tan gráfica en español voy a seguir con los sombreros. No nos engañemos, hay muy pocos intérpretes dedicados exclusivamente a la interpretación, muy pocos, seguramente en las grandes instituciones. La mayoría de los intérpretes compaginamos nuestra profesión principal con otras: traducción, corrección, redacción de contenidos, enseñanza, comunicación, asesoría, gestión de proyectos o de empresas, por mencionar algunas. Unas veces elegimos los sombreros, otras no, y en ocasiones nos llueven tantos que parecemos matrioshkas.

Llevar tantos sombreros profesionales es asumible en la mayoría de los casos, unos nos gustan más que otros, pero siempre que los sombreros estén en línea con nuestras competencias y podamos decidir, el malabarismo funciona. Como sabéis este último año no he llevado apenas el sombrero de bootheando, y tampoco el de intérprete tanto como me hubiera gustado; han aparecido tantos sombreros nuevos que da vértigo. Lo complicado es encontrar el equilibrio, o que te dejen encontrarlo, porque no poder cumplir con las expectativas de cada rol es frustrante y genera mucha impotencia. A todos nos gustaría llevar nuestro sombrero preferido a todas horas ¿verdad?

¿Y tú, cuántos sombreros llevas? ¿Cuántos perfiles profesionales compaginas?

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