El queso rodante

Estando como estoy en tierra de quesos (Cheddar, para más señas), no podía dejar de hablar de este preciado producto lácteo. No voy a hablar del queso Cheddar, sino del de Gloucester, y tampoco lo voy a hacer de sus cualidades organolépticas sino más bien del queso como proyectil.

El festival del queso rodante es una curiosa celebración que se organiza en varios lugares de Gran Bretaña (siempre que cuenten con pronunciadas y resbaladizas colinas), pero quizás el más famoso de entre todos es el Festival del Queso Rodante de la colina de Cooper, en el condado de Gloucestershire (Cooper’s Hill Cheese-Rolling and Wake) que este año no tendrá lugar, por cierto, ya que no se podía garantizar la seguridad del evento ante la gran cantidad de asistentes que se esperaba recibir (teniendo en cuenta la cantidad de gente que participa y la velocidad que alcanzan los quesos por la inclinación de la colina, son frecuentes las caídas, lesiones y otros accidentes).

La pendiente por la que echan a rodar los quesos es tan empinada que éstos llegan a alcanzar velocidades superiores a los 100 kilómetros por hora, convirtiéndose en auténticos proyectiles capaces de causar daños considerables a cualquier cosa que se encuentre en su camino. Siempre se utiliza la misma variedad, un doble queso Gloucester cuyo peso es de más de siete libra (3,7 kilos), y que desde hace 20 años ha suministrado una misma artesana local. Se realizan varias carreras en cada edición, correspondientes a categorías distintas: cuatro o cinco cuesta abajo en persecución del queso (una de las cuales es sólo para mujeres) y otras tantas que son cuesta arriba, las únicas en las que pueden participar los menores de 12 años. El premio para el ganador es siempre el mismo en todas ellas: quien primero alcance la meta, se llevará a casa el enorme queso.

Apresarlo en movimiento es físicamente imposible, teniendo en cuenta que se suelta con un segundo de ventaja y la velocidad endiablada que alcanza; lo único que pueden hacer los osados corredores es lanzarse colina abajo con el mismo ímpetu y someterse a la ley de la gravedad y los caprichos de la colina. Entre el desnivel, el barro y la hierba, mantenerse en pie es pura casualidad, por lo que la mayoría de participantes acaban dando con sus huesos en el suelo y rodando descontrolados por la falda de Cooper’s Hill. Al pie de la misma se sitúan los llamados catchers, unos hombres más bien fornidos cuyo cometido es agarrar y detener a los despendolados que lleguen a la meta con excesiva inercia.

Las primeras referencias escritas a este evento datan de mediados del siglo XIX (1836), si bien no existe consenso acerca del origen del mismo. Se dice que la tradición del queso rodante formaba parte de una serie de actos festivos que hace dos siglos tenían lugar durante la época estival con objeto de conmemorar la llegada del verano, pero que, con el tiempo, se fueron reduciendo a un único evento, el cheese-rolling, cuya fecha de celebración se trasladó al último lunes de mayo. Lo que parece no suscitar discrepancias entre los entendidos es el carácter de tan extraña carrera, que todos asumen como pagano.

Vía: Wikipedia y Enfolang

4 comentarios en “El queso rodante”

  1. Una noticia muy curiosa y graciosa. Gracias por compartirla!
    Un saludo de una adolescente argentina, interesada en el mundo de la traducción e interpretación!
    Nancy

  2. Hola, me gustaría saber si la foto del chico con el queso es tuya o de otra persona y si me podrías dar permiso para utilizarla para un post sobre queso que manejo.

    Muchísimas gracias

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