El intérprete como puente entre culturas

Foto: Carlos Cisneros Edda Webels recibió este lunes el Premio Malintzin 2010 que otorga El Colegio Mexicano de Intérpretes de Conferencias por su labor de intérprete en alemán y español. Asimismo, fueron homenajeadas Silvia Pratt, Rosa María Ruiz y Olga Abady, por 25 años de trayectoria profesional, así como Danielle Wolfowitz –superviviente del Holocausto– dentro del ciclo Los pilares de la Interpretación en México. Con motivo de la entrega del premio, Arturo García Hernández publicaba una entrevista a la intérprete en el períodico La Jornada que aquí transcribo:

Edda Webels ha sido durante 40 años “un puente entre culturas”. Así describe ella su labor de intérprete –principalmente entre el alemán y el español– por la cual este lunes recibió el Premio Malitzin 2010 que otorga El Colegio Mexicano de Intérpretes de Conferencias.

Entre sus incontables experiencias durante el desarrollo de su quehacer, Webels destaca como significativas la interpretación simultánea de entrevistas y conferencias del escritor Gunter Grass, del filósofo y sociólogo Jürgen Habermas, o del líder emblemático de la socialdemocracia alemana, Willy Brandt.

Dice Webels en entrevista: “La idea general de la gente sobre la profesión de intérprete está en dos extremos, en uno dicen: ‘sí, la hija de mi vecino también habla inglés’; en el otro dicen: ‘no entiendo cómo haces eso’. Lo que digo es que se trata de una profesión para la que se necesita preparación, dedicación y ciertas habilidades”.

Webels nació y vivió en Alemania hasta los nueve años. Después residió 11 años en Argentina y desde 1970 vive en México: “Tuve la suerte de criarme bilingüe, en Argentina fui al colegio desde la primaria hasta el bachillerato, y al mismo tiempo hablaba mucho en alemán, con mis padres”.

Sin embargo, el bilingüismo es sólo un factor para ser intérprete; también se necesita memoria, rapidez, agilidad mental, amplia cultura general y hasta un mínimo de capacidades actorales.

–¿Cómo descubre que ésta es su vocación?

–Cuando todavía no terminaba el bachillerato en Buenos Aires, la hija de unos amigos que había estado en Alemania regresó tan entusiasmada que me contagió y le pedí a mi papá que me dejara ir. Soy hija única y tenía un papá muy estricto, me sentía terriblemente controlada y opté por irme. Terminé el bachillerato en Munich, y entré en el Instituto de Idiomas e Intérpretes, porque además en ese entonces no había en Buenos Aires una institución donde se enseñara la interpretación. Muchas veces he dicho que tuve una suerte increíble, porque resultó ser realmente mi vocación, siempre me gustó eso de servir de puente entre dos mundos, dos maneras de pensar.

–Lo cual supone no sólo un dominio pleno de cada lengua, sino una cultura muy amplia.

–Definitivamente, además hay que estar dispuestos a seguir aprendiendo durante toda nuestra vida profesional, porque nos pueden tocar los temas más variados: filosofía, economía, obviamente política, pero también he interpretado sobre temas de minería.
A diferencia del traductor, “que trabaja tranquilo, solito en su casa, aislado del mundo”, el trabajo del intérprete “es más público, más espontáneo en muchos sentidos; obviamente no podemos usar el diccionario, por lo que debemos tener un vocabulario suficientemente amplio como para hacer frente a temas inusitados, para salir del paso en situaciones complejas, aunque quizá el lenguaje no sea tan pulido como el de un traductor por escrito”.

–¿Qué es más difícil, ir del español al alemán o del alemán al español?

–Depende del tema, del orador, de muchas cosas. Le diría por ejemplo que puede ser bastante difícil interpretar un discurso demasiado florido que en español se oye muy bonito, pero que en alemán hay que bajarle a un nivel más sobrio. Por otra parte, está la complejidad de la sintaxis del alemán, en la cual la negación o el verbo vienen al final, después de una frase muy larga. Entonces se debe tener suficiente conocimiento de la materia, como para poder anticiparse a lo que el orador va a decir o tener muy buena memoria para ir una frase detrás de aquél para no perder lo fundamental.

–Además del sentido del discurso, ¿un intérprete se preocupa por enfatizar las emociones del que habla?

–En el caso ideal, cual debe ser, el intérprete tiene un poco de actor para ponerse en los zapatos de la persona para la cual interpreta, para ser la voz de esa persona. Muchas veces la traducción demasiado literal puede fallar, por eso hay que transmitir realmente la intención de lo que se dice, aunque muchas veces uno no esté de acuerdo con el orador. Ahí es cuando se vuelve difícil el trabajo, y donde realmente prevalece el profesionalismo.

Vía: Arturo García Hernández, Periódico La Jornada, Martes 20 de abril de 2010, p. 7.
Foto: Carlos Cisneros

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