Los oradores, según los intérpretes

Esto de interpretar es muy parecido a torear; y es que uno sale a la plaza equipado con los trastos de faena y los machos bien atados, pero nunca sabe qué toro le va a tocar lidiar. Lo mismo nos sale un orador mansurrón que uno gallardo y con trapío, por no hablar de los despistados, mandones o abochornados. Esto de etiquetar a ponentes y conferenciantes no es cosa mía, Mario León* en su «Manual de interpretación y traducción» (Luna Publicaciones, 2000) clasifica con mucho acierto y cordura a los oradores desde el punto de vista de la interpretación, y de acuerdo a las dificultades particulares que pueden plantear al intérprete, lo cual resulta muy útil ya que un intérprete prevenido siempre vale por dos ;-).

La tipología que presenta y la descripción que hace de los oradores no tiene desperdicio y sus consejos para capearlos siempre conviene tenerlos a mano. Mario León divide a los oradores en tres grandes categorías: los rápidos (novatos, sin tiempo, de oficio, y lectores), los lentos y los caóticos. Y añade un último apartado en el que incluye a graciosos, cultos, doctos, vip y tensos.

Solo me voy a detener en la descripción que el autor hace de dos de mis oradores favoritos: el novato y el caótico.

El orador novato: lo encontramos con cierta frecuencia sobre todo en presentaciones técnicas: habla a borbotones, con arrancadas de caballo andaluz y paradas de burro manchego. Si se equivoca, pide azoradamente disculpas. A veces tartamudea, otras se repite, hace todo con tal de no perder la protección de su propia voz. Nuestra estrategia al interpretarle debe consistir sobre todo en mantener la calma, en comprender bien lo que dice para repetirlo con voz pausada y ritmo equilibrado, de modo que salvemos los silencios de él y evitemos que a nosotros se nos atropellen las palabras.

El orador caótico: Es muy corriente, y puede sacarnos de quicio. Es la persona que se va por las ramas y se lía en sus propios razonamientos; aquí los intérpretes no hemos de enmendar ninguna plana (o sea, no tenemos por qué «arreglar» lo que dice el orador), sino reproducir su parlamento con las mismas vaguedades (eso sí, terminando siempre las frases). También está el conferenciante que se pierde con frecuencia en su discurso y se repite; a éste conviene a veces dejarle tiempo hasta que exprese una idea coherente que podamos interpretar. Y también existe el orador espectacular, en el sentido de que «hace espectáculo»: es el que provoca al público y hace que éste participe; a veces sólo oímos sus intervenciones pero no las del público, con lo que perdemos la integridad del mensaje (y su comprensión); a este orador hemos de seguirle muy de cerca, sin perder nada de lo que diga.

Y por si no ha quedado suficientemente clara la importancia de la oratoria y de los oradores, en este vídeo de Lourdes (AIB), Matthew da algunos consejos a los oradores con el fin de mejorar la comunicación y facilitar la interpretación:

*Mario León Rodríguez, natural de Zamora, nació en 1947, Licenciado en Ciencias de la Información, es traductor desde 1966 (intérprete jurado de alemán, italiano y francés) e intérprete simultáneo desde 1973. Socio de APETI (Asociación profesional de traductores e intérpretes) y miembro de AICE (Asociación de Intérpretes de Conferencia España), Mario León también ha formado a traductores e intérpretes simultáneos en cursos celebrados en distintos centros. Ha publicado cinco diccionarios técnicos políglotas.

9 comentarios en “Los oradores, según los intérpretes”

  1. Me ha encantado, es cierto, nos encontramos con oradores escopeta que nos maltratan con la velocidad o con los lectores, esos que ni siquiera levantan la mirada del papel, con los reyes de las citas, los graciosos, los caóticos y una vez me tocó uno que estaba tan nervioso que le temblaba todo al pobre.
    Creo que lo primero que debería quedar claro es que el discurso del orador es mil veces mejor si sabe trabajar con su intérprete

  2. ¡Muchas gracias Aída! La verdad es que nadie mejor que nosotros para comprender lo que “duele” un discurso leído o una ponencia llena de paréntesis y callejones sin salida 😉
    Acabo de añadir un vídeo de Lourdes (AIB) que ilustra muy bien la entrada y que seguro te encanta..
    Un saludo……….

  3. ¡Me ha encantado esta entrada! La semana pasada estuve en un congreso de dos días y no nos faltaron representantes de todas la categorías. También nos ocurrió una mezcla muy peligrosa: un discurso leído en inglés por un orador que ni siquiera hablaba el idioma. ¡Tuvo una dificultad tremebunda!

  4. ¡Gracias Judith! Me alegro de que te haya gustado la entrada; la verdad es que la versión leída por orador sin conocimientos de inglés es el ya el colmo…supongo que no habría turno de preguntas ¿no? 😉
    Un saludo…..

  5. Yes, we’ve met all of these speaker types at one point or another, haven’t we? :/

    I wonder if this author has developed any sort of typology of speakers by their language/culture of origin. I find just knowing which country speakers come from will tell me a lot about which of these above categories (chaotic, pedantic, never finish their sentences, etc.) they are likely to fall into. I am not going to incriminate myself by saying which cultures go with which type of speaker, however! I value my job too much to get into that! 😉

    The tips Matthew gives in the video apply to all speakers, of course. However, it would be interesting to think about developing culture-specific tips, as well… not like I’m volunteering! 😉

    Thanks again, Clara, for some great insights.

  6. Hi Michelle!
    The author does not include a typology of speakers by language of origin, but Knowing the mother tongue of the speaker is of great help (the way ideas are structured varies from language to language; as does the use or absence of prepositions, the lack of certain sounds, etc…). Regarding the culture of origin, I read (ITI Conference Proceedings, 1989: Michael Francis) a while ago some “recommendations” on how to stop a long-winded speaker according to nationality:
    The Italian: tie his hands behind his back.
    The Frenchman: simply tell him to be illogical
    The Englishman: no Shakespeare please!

    Have a nice week!

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