Arabismos y riegos

Soy plenamente consciente del legado léxico* que dejaron los árabes de Al-Andalus en la lengua de Cervantes –no en vano los arabismos del español suponen aproximadamente el 8% del vocabulario total y se calcula que son unas 4000 palabras, incluyendo voces poco usadas–, pero escuchando las conferencias de esta semana, me ha sorprendido la cantidad de vocablos de claro origen árabe que manejaban regantes, investigadores y administradores.

La gran cantidad de palabras que existen en lengua castellana de origen árabe referidas al agua, al riego o a la hidráulica es prueba irrefutable de la importancia que tuvo el regadío en Al-Andalus. Los árabes perfeccionaron las técnicas de riego y la técnica hidráulica agrícola, aprovecharon los sistemas de riego romanos que encontraron, y junto a las técnicas orientales que conocían bien, lograron un excepcional aprovechamiento del agua. Expandieron las técnicas agrícolas y de regadío hacia el oeste del Mediterráneo y Al-Andalus se convirtió en un nuevo foco de difusión hacia el norte de África y, posteriormente, hacia América. Conservaron, perfeccionaron e intensificaron tecnologías que, de otro modo, hubieran desaparecido del mundo occidental y nos dejaron un importante acervo léxico en el ámbito de la agricultura, y especialmente en la agricultura de regadío:

Aceña: Molino o máquina para sacar agua
Acequia: Canal para conducir agua para riego
Ador: Turno de riego
Alberca: Estanque de agua para riego
Albañal: Canal o conducto que da salida a las aguas inmundas.
Albufera: Laguna
Alcantarilla: Conducto para recoger aguas pluviales y residuales
Alcubilla: Arca de agua
Alema: Porción de agua de regadío que se reparte por turno.
Alfaguara: Manantial abundante
Aljibe: Estanque de agua para uso doméstico
Aljofaina: Recipiente para el agua
Almenara: Acequia de desagüe o escorrentía
Arcaduz: Cangilón de la noria
Atanor: Cañería para conducir el agua
Azarbe: Canal de avenamiento que recoge sobrantes
Azarbeta: Cada una de las acequias o cauces pequeños que recogen los sobrantes o filtraciones de un riego y los llevan al azarbe.
Azud: Presa de derivación. También se emplea como noria
Canal: Conducción de agua
Cenia: Noria de corriente o de sangre según las zonas (valenciano)
Jaricar: Reunir en un mismo caz las hilas de agua de varios propietarios, para regar cada uno de ellos con el total de agua durante el tiempo proporcionado a la cantidad de ella que ha aportado al caudal común.
Noria: Rueda elevadora de agua
Rafa: Tabla colocada transversalmente en una acequia para retención y derivación
Rambla: Arenal por donde desaguan crecidas e inundaciones de ríos
Tanda: Turno de riego

Vía: BlogLengua y El regadío islámico en Al-Andalus (José Roldán Cañas y Fátima Moreno Pérez)

*…… encontramos arabismos referidos al conocimiento y la ciencia como: algoritmo, guarismo, cifra . álgebra, redoma, alcohol, elixir, jarabe, cénit, nombres de constelaciones como Aldebarán… Referidos a instituciones y costumbres: alcalde, alguacil, albacea, alcabala…, a actividades comerciales: arancel, tarifa, aduana, almacén, almoneda, almazara, ataujía, zoco, ceca… a urbanismo y vivienda: arrabal, aldea, alquería, almunia, alcoba, azotea, zaguán, alfeizar, albañil, alarife, tabique, azulejo, alcantarilla, albañal, alfombra, almohada… En el campo de la vida doméstica, el vestido o el ocio encontramos: laúd, ajedrez, azar, tarea, alfarero, taza, jarra, ajorcas, alfiler, aljuba, albornoz, babucha, zaragüelles, albóndigas, almíbar, arrope…

También encontramos arabismos referidos a productos minerales, como azufre, almagre, albayalde, azogue, almadén… y nombres de aves rapaces, pues la cetrería era uno de los deportes preferidos por los árabes: sacre, neblí, alcotán, alcarabán, borní, alcándara…
Las continuas luchas con los cristianos también proporcionaron una gran cantidad de arabismos referentes a la guerra: aceifas, algara, adalid, atalaya, alcazar, zaga, alfange, adarga, aljuba, adarve, tambor, añafil, alférez, acicate, acémilas, jaeces, albarda, barbacana…
Algunos arabismos se remontan a orígenes diferentes del propio árabe: así del sánscrito nos llegó ajedrez y alcanfor, del persa, jazmín, azul, naranja, escarlata y del griego llegaron voces como arroz, alambique, acelga, alquimia… en eso los árabes no hicieron sino continuar la labor de transmisores culturales como en tantos otros campos.

Otro de los campos en los que la influencia árabe se deja notar es el de la toponimia; en la Península Ibérica la toponimia de origen árabe es abundantísima y no solo en las zonas de dominio musulmán sino también, aunque con menor intensidad, en la Meseta y el Noroeste.
En muchos casos, su significado es descriptivo; así, Algarbe (< algarb «el poniente»), La Mancha (< mandza «altiplanicie»), Alcalá y Alcolea (< alqalat «el castillo»), Medina (< madinat «ciudad»), Rábida, Rápita (< ribat «convento militar») , Iznajar (< hisn «zona o lugar fortificado»)
En otros casos son formas compuestas amalgamados: wadi «río» nos ha dejado Guadalquivir «río grande», Guadalén «río de la fuente», Guadalajara «río de las piedras»… Abundan los que tienen por segundo elemento un nombre personal: Medinaceli «ciudad de Selim», Calatayud «castillo de Ayub» o los muchos Beni- (< lat. monasterium), Alpuente (< lat. portellum).

Elena Toro Lillo: La invasión árabe. Los árabes y el elemento árabe en español

4 comentarios en “Arabismos y riegos”

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