La cabina indiscreta

La disposición de las cabinas dentro de la sala de conferencias es esencial y debe diseñarse de tal forma que el intérprete pueda tener vista directa al orador y a la sala.

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Desde la cabina solemos contar con una vista privilegiada sobre la sala, y eso nos permite poder observar las reacciones de ponentes y participantes y entender mejor el proceso de comunicación y todo lo que eso conlleva. Como testigos mudos al otro lado del cristal también podemos ver cosas que a otros se les escapan. Desde esta atalaya tan particular vemos situaciones de los más diversas – no sólo durante la conferencia (con la distracción que eso pueda suponer) sino también entre “actos”-, dignas del mejor de los estudios sociológicos. Hay asistentes que se descalzan sin pudor alguno y siguen con aparente atención al conferenciante mientras el intérprete intenta “reponerse” de la distracción. También los hay que se rascan con fruición, o que saborean sus bocatas con disimulo, o abiertamente; otros se peinan o se hacen la raya, se acicalan o se retocan; por supuesto, están los de las consabidas incursiones nasales y los paranoicos del reloj. Últimamente, los participantes de conferencias, congresos y seminarios son mucho más tecnólogos y toman apuntes en sus portátiles, o en sus móviles de última generación, o consultan el correo y la cuenta facebook mientras habla el orador.

El otro día, sin embargo, presencié una situación de lo más pintoresca; la verdad es que no daba crédito a lo que estaba viendo. Aprovechando la pausa entre dos sesiones, uno de los participantes sentados en la sala sacó algo del bolsillo … miré unos segundos después y el sujeto en cuestión estaba repanchingado en su asiento y lavándose los dientes con total naturalidad. Sí, sin agua, ni vaso, ni lavabo, y desconozco si con pasta de dientes porque no me aventuré a mirar si salía espuma dentífrica por la comisura de sus labios, y si así fue se la tragaría, digo yo, porque de allí no se movió y a los pocos minutos empezó la siguiente sesión. Tengo que decir que el baño de caballeros quedaba a pocos metros de la sala, así que a día de hoy todavía sigo atónita.

3 comentarios en “La cabina indiscreta”

  1. Perdone el retraso (y a veces mi español)!
    Hice un apredizaje el año pasado en el UNODC en Viena y tambièn muchas horas de practica en cabina, asì me licenciè como interprete (IT,EN,DE) en Italia el julio pasado.
    La practica en conferencias actuales y en vivo (como IAEA, por ejemplo), sin micròfono claramente, fueron muy utiles y aprendì muchisimo simplemente eschuchando a los interpretes oficiales – talento y precisiòn!

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