Biodiversidad

Mañana es el día mundial de la alimentación y los datos que nos aporta la FAO son estremecedores:

– cerca de 950 millones de personas pasan hambre en el mundo (una cantidad superior a la población de EE. UU., Canadá y la Unión Europea)
– alrededor de 15 millones de personas mueren de hambre cada año (30.000 personas cada día)
– El 60% de los hambrientos son mujeres
– Cada año hay 4 millones más de personas que pasan hambre en el mundo.

En 2001 la FAO aprobó el Tratado Internacional sobre los Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura que entró en vigor el 29 de junio de 2004.

El Tratado es un instrumento fundamental para afrontar a escala casi mundial el grave asunto de la biodiversidad y es crucial en la lucha contra el hambre y la pobreza. No sólo reconoce los derechos tecnológicos o de invención en la restauración y mejora de variedades, los llamados derechos del obtentor, sino que se reconocen también los derechos del agricultor como verdadero e imprescindible protagonista de la biodiversidad. No hay que olvidar que los grandes depósitos de la biodiversidad están en los territorios más pobres.

El problema de la biodiversidad es el problema de nuestros recursos alimentarios y de nuestra agricultura; y se trata de rectificar un proceso que comenzó hace 10.000 años, cuando el hombre utilizaba cerca de 8.000 especies de plantas para su alimentación; hoy en día se emplean tan sólo 150. Y eso no es todo. Con 12 especies vegetales y cinco animales se cubre el 70% de las calorías y de las proteínas de la alimentación humana. En realidad son el trigo, el maíz, el arroz y la patata el gran sustento de la Humanidad.

El ejemplo clásico que ilustra la importancia de la biodiversidad es la famosa hambruna de Irlanda. En el siglo XIX el hongo Phytosphora infestans asoló todas las plantaciones de patatas. Casi dos millones de irlandeses murieron en dos o tres años, y otros varios millones tuvieron que emigrar a EE. UU. Se intentó combatir la plaga con todos los medios químicos, pero sin éxito alguno. Afortunadamente, a alguien se le ocurrió ir al lugar de origen de la patata, América, para ver si allí existían variedades inmunes a Phytosphora infestans. Efectivamente, con cruzamientos genéticos de variedades peruanas, bolivianas y ecuatorianas se consiguió solucionar el problema.

Hemos perdido un inmenso patrimonio genético que nos permitiría hacer frente a cambios medioambientales, plagas y pandemias mediante el uso de un amplio abanico de variedades.

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